La mayor debilidad del ser humano es su capacidad de sentir, alma de doble filo como muchas otras y todas son sujetas a las emociones. Los golpes de conciencia están allí, aunque no los exteriorizamos, y quien llora -pese a que es considerado débil-, en realidad es considerablemente fuerte como para seguirle el ritmo a las emociones, dejarlas fluir y sobrevivir.
Quién ha podido decirle al corazón que ha completado cada tránsito de lágrimas y sentir, es un héroe, ya que el corazón cuando llora derrama lágrimas de sangre y permite la oportunidad de fortalecer ese tramo de sí mismo que ha sido expuesto.
Hacerse el fuerte es fingir, mentirse a sí mismo de algo que no es; llorar y dejar salir todo el dolor, apreciar las cicatrices, es ser fuerte, pues te alienta a levantarte y combatir.

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